He comenzado a deformar las siluetas para que se asemejen a la tuya. Ya no hay rituales que nos acerquen ni casa donde podamos coexistir.
Puedes atravesar la puerta y ver cómo se extiende hacia el infinito. Puedes dejarme, aunque sé que no quieres hacerlo.
Si te vas, me liberarás de cargas de las que no eres consciente. Te juro que no te culparé; quedarás absuelta al partir.
Cuando desaparezcas, te seguiré encontrando en las siluetas, te tendré en mi mente aunque luche por olvidarte.
Una vez que gires la perilla, me quedaré congelado viéndote cruzar por donde el mundo solía centellear, donde ahora solo habrá oscuridad.